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SIN RELATO – Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad
Lola López Mondéjar
Editorial: Anagrama, Octubre 2024
Lola López Mondéjar – BIO
Lola López Mondéjar (Molina de Segura, Murcia, 1958) es psicóloga, psicoanalista y escritora. Ha alternado la publicación de libros de ficción (novela y cuento) con títulos de ensayo, especialmente orientado al análisis de la actividad artística. Entre las obras literarias destacan las novelas Mi amor desgraciado (finalista del XXI Premio de narrativa Torrente Ballester), La primera vez que no te quiero, Yo nací con la bossa nova, y Cada noche, cada noche (una historia de la protagonista de Lolita, la novela de Nabokov); en narraciones breves ha publicado los conjuntos de relatos El pensamiento mudo de los peces, Lazos de sangre y Qué mundo tan maravilloso. En el ámbito del ensayo los títulos más señalados son un terceto bajo el epígrafe Literatura y psicoanálisis, Una espina en la carne (Psicoanálisis y creatividad), Invulnerables e invertebrados (Mutaciones antropológicas del sujeto contemporáneo), y Sin relato (Atrofia de la capacidad narrativa y crisis de la subjetividad), que ganó la 52 edición del premio Anagrama de ensayo.
Hasta 2009 coordinó el programa literario La Mar de Letras, en Cartagena, y ha sido la coordinadora de los talleres de literatura creativa de la Biblioteca Regional de Murcia.
Colabora habitualmente con el periódico La Opinión de Murcia, en el que puso en marcha el blog Microscopías.
EL LIBRO
Sin relato comienza con unos párrafos esclarecedores del pensador germano austriaco Gunther Anders (1902-1992) sobre el innecesario recurso a la violencia para mantener la mansedumbre. La sumisión ya no precisa ser impuesta. El intelectual judío señalaba que ya no hacía falta recurrir a la violencia, como conoció en su país natal con los nazis, ahora bastaba con reducir “drásticamente la educación a una forma de integración profesional”, cuanto más se limita el “pensamiento a preocupaciones mediocres, menos puede rebelarse”.
A juicio del visionario Anders (primer marido de Hannah Arendt), las estrategias en busca de ese cometido tendrían que ser la difusión de espectáculos que apelen a lo emocional e instintivo, fáciles y entretenidos; y llevar la sexualidad a un plano de tranquilizante social. Esa apología de la ligereza se encaminaría a conseguir hombres-masa satisfechos en lo material-emocional, cuyo único miedo debe ser el de ser excluido del rebaño, condenando como subversivo todo aquello que desafíe la norma.
INTRODUCCIÓN
Lola López Mondéjar (LLM) acuña el concepto de atrofia de la capacidad narrativa, como la creciente dificultad que sufren las personas para contarse a sí mismas, dar sentido a su propia biografía y poner en palabras su mundo interno.
LLM hace su aproximación al tema en este libro desde la intersección de los saberes de la filosofía, la sociología, la neurociencia y el psicoanálisis, analizando para ello las nuevas manifestaciones de la producción cultural.
Su propia experiencia como psicoanalista y psicóloga clínica le ha permitido comprobar que gran parte de quienes acuden a las consultas siente un malestar interior que se manifiesta de diferentes formas (angustia, irritabilidad, depresión, comportamientos obsesivos) sin que el paciente sea capaz de atribuir esos síntomas a ninguna circunstancia personal. No es algo que no haya ocurrido otras veces, lo novedoso es su universalización actual.
Uno de los efectos de esta atrofia es no solo que impide a las personas narrarse, sino que jibariza el pensamiento y el mundo imaginativo a través de un progresivo vacío de representación, provocado por la dinámica intrínseca de lo que ha venido a llamarse capitalismo de la atención.
La hipótesis sobre la que gira este ensayo es que esa incapacidad creciente de transformar lo que nos acontece en una experiencia subjetiva y comunicable no es fortuita y tiene mucho que ver con la universalización de lo digital.
Tradicionalmente, nuestra identidad se configura a través del relato en el que integramos la experiencia y el saber que vamos atesorando. Sin embargo, ahora, la fragmentación de las narraciones en pequeños relatos bastante homogéneos por la pulsión mimética han desembocado en un vaciamiento de la subjetividad y del pensamiento crítico.
LLM propone recuperar la capacidad narrativa con una limitación de la exposición a la digitalización, una aproximación a lo local y el restablecimiento de las relaciones físicas directas, es decir, el contacto cuerpo a cuerpo.
EL YO NARRATIVO
En este capítulo, LLM nos introduce en algunos conceptos neurocientíficos para establecer las bases de su hipótesis. De todos ellos, creo que lo más relevante es atender a la afirmación del investigador Anil Seth que señala que el yo narrativo tiene que ver con un yo que se experimenta a sí mismo como un continuo, que se asocia a un nombre, a unos recuerdos del pasado y a unos planes de futuro. Es decir, solo cuando hay una autorrepresentación previa podemos ser autoconscientes.
Hay enfermedades neurológicos que destruyen esa construcción del yo, pero la autora se refiere más bien a aquellas personas que no llegan a constituir esa formación del yo autoconsciente y se limitan a la identidad corporal y a una identidad imaginaria sostenida por una narración estereotipada y repetitiva. Utiliza al personaje que representa Leonardo DiCaprio en la película de Scorsese Los asesinos de la luna como ejemplo de ese tipo de ciudadano acrítico y alienado que solo se mueve por las emociones y sensaciones que experimenta. Su yo público es el de un padre y marido amante y cariñoso, y su yo secreto, el de un asesino disciplinado.
La propia experiencia de la autora le ha puesto ante jóvenes con una vida llena de experiencias que no parecen dejar en ellos más que la huella de una descripción pormenorizada y fragmentaria, sin un relato en el que la reflexión les dé protagonismo a sí mismos. Individuos en los que lo que da continuidad a su vida no es su propia imagen interior sino su cuerpo, esculpido en el gimnasio, movido por ideales exigentes de perfección estética y expuesto profusamente en las redes sociales.
EXPERIENCIA Y POBREZA, EL OCASO DEL NARRADOR
LLM señala que los grandes relatos de la historia, desde Homero hasta Shakespeare, que transmitían lecciones de sabiduría fruto de la experiencia, dieron paso a los storytelling, que saturan la realidad de relatos artificiales, bloquean los intercambios de opinión y, con la universalización de las redes, nos alejan de las historias para imponer intercambios de relatos anecdóticos que propician el enfrentamiento comunicativo y debilitan así la confianza en el valor referencial del lenguaje.
Esta proliferación de pequeños relatos forma parte de una técnica de comunicación y domesticación enfocada a transmitir mensajes que capten la atención y enganchen al ciudadano, apelando básicamente a sus aspectos más emocionales. Se trata de una técnica, utilizada tanto en la publicidad como en la política, que envuelve la realidad en una red narrativa que estimula las emociones útiles para el fin que el storytelling se proponga, mediante unos engranajes narrativos que conducen a los individuos a identificarse con modelos y protocolos prescritos. Lo importante del storytelling es movilizar mediante anécdotas las emociones.
En paralelo, germina un nuevo régimen de verdad que produce la aparición de burbujas informativas independientes donde la información se elige de acuerdo con las opiniones de los usuarios, sin contrastar con los hechos, donde la falta de diferenciación entre la verdad y la mentira es la regla, pues todos los enunciados se mantienen en un régimen de inestabilidad. En la era del enfrentamiento, el ruido de la batalla en Twitter sustituye al storytelling, y las pulsiones se imponen sobre el diálogo.
A esto se une la disminución de la capacidad de escucha. Secuestrada por las redes sociales, la falta de atención homogeniza las experiencias, haciéndolas comunes y no memorables, pues la información suplanta tanto el pensamiento como la marca biográfica de las sensaciones que provoca, ya que todo se olvida fácilmente.
LLM pone como ejemplo el visionado de películas. El hábito hace unos años era acudir al cine con amigos tras elegir en cartelera una película de un director, que seleccionábamos en función de nuestras inquietudes; se buscaba vivir una experiencia duradera, que implicaba a todos los sentidos (también la locomoción), e incluía posteriormente comentarla con los amigos. Ahora, homogeneizamos en nuestra memoria casi todas las películas, dada la rapidez con que podemos verlas en nuestras plataformas sin movernos de casa. Además, la mayoría de los usuarios de dichas plataformas ven las películas que estas publicitan. Cero singularidad. De todas las que vemos de este modo, muy pocas se convierten en una experiencia singular.
Pregunta #1. ¿Hasta qué punto se ha deteriorado la experiencia cinematográfica? ¿En qué medida el visionado de películas en plataformas ha cambiado tu disposición como espectador y ha afectado al lenguaje cinematográfico?

