Descripción
Sesión única: Viernes 21 de Febrero de 2025 (Biblioteca de Galapagar) – Audio 1 en IVOOX: https://go.ivoox.com/rf/140300210
Sesiones presenciales realizadas en la Sala de Autores de la Biblioteca Municipal «Ricardo León» de Galapagar – Temporada 2024/25
Mañana y tarde
Jon Fosse
Editorial: Nórdica Libros y De Conatus, Octubre 2023
Debate presencial: Viernes 21 Febrero 2025, 19hrs España – Biblioteca de Galapagar
Guía de Lectura preparada por: Miguel Ángel – Cercedilla, Madrid
Jon Olav Fosse, nacido el 29 de septiembre de 1959 en Haugesund, Noruega, es un autor de novelas, obras de teatro, poemas, libros infantiles y ensayos, que también ha trabajado como profesor y traductor. Recibió el Premio Nobel de Literatura en 2023 «por sus obras de teatro y prosa innovadoras que dan voz a lo indecible». El prolífico escritor ha escrito más de 40 obras de teatro y unas 30 obras de ficción en nynorsk (nuevo noruego), la menos común de las dos formas escritas del noruego (la otra es el bokmål).
Fosse creció en una granja rural cerca de Strandebarm que está en medio del Fiordo de Hardanger, el segundo más grande de Noruega, donde sus abuelos vivían en una casa de la propiedad mientras que él, sus padres y dos hermanas vivían en otra. Su padre trabajaba como gerente de Strandebarm Cooperative, una tienda de comestibles local, y su madre era cuidadora.
Un día de 1966, cuando tenía siete años, resbaló en el suelo helado del patio de su casa mientras cargaba una botella de cristal de zumo de frutas. Un cristal le secciono una arteria de la muñeca, sangrando a borbotones. Al poco, tirado en el hielo del patio, sangrando, se vio a sí mismo en el interior de su casa sentado junto a una ventana. Sus padres se apresuraron a llevarle al médico, y en el coche, a medida que se desangraba, el pequeño Jon Fosse “sentía que todo estaba en paz. Miraba el cielo y las casas, y estaba seguro de que las había visto por última vez mientras iba al médico. Todo era resplandeciente y muy pacífico, un estado muy feliz, como una nube de partículas de luz”. Refiere Fosse que esta experiencia ha sido muy formativa para él como persona, tanto en lo bueno como en lo malo. Está convencido que esta epifanía lo condujo posteriormente al arte y la escritura.
Después de una infancia feliz entró en una tormentosa adolescencia. Comenzó a escribir poemas y letras para canciones a los 12 años. En aquella época su mayor interés estaba focalizado en la música. Componía canciones, quería ser guitarrista de un grupo de rock y tocaba el violín.
Al comenzar el bachillerato tuvo otra experiencia que marcó su vida. “Cuando estaba en secundaria, sucedió sin previo aviso. El profesor me pidió que leyera en voz alta y, de la nada, me invadió un miedo repentino. Me levanté y salí corriendo de la clase”. “El miedo había logrado, por así decirlo, arrebatarme el lenguaje, y encontrar la forma de recuperarlo dependía de mí. Así fue como empecé a escribir mis propios textos: poemas cortos, relatos. Descubrí que hacerlo me hacía sentir seguro, una emoción que era lo opuesto al miedo”. “El poeta noruego Olav H. Hauge escribió un poema en el que compara el acto de escribir con el niño que va al bosque a construir una choza de hojas y ramas, con una entrada estrecha a ras de suelo. Tras entrar reptando, toma asiento, enciende unas velas y se siente protegido frente a las oscuras tardes otoñales. Creo que esta imagen refleja bien la que ha sido también mi forma de experimentar el acto de escribir, tanto ahora, como hace cincuenta años”. “El miedo a leer frente en público me terminó llevando por la senda de ese tipo de soledad que constituye, al fin y al cabo, la vida de los que escriben, y ahí es donde he permanecido desde entonces”. “La soledad es algo bueno, siempre y cuando se deje abierto el camino de regreso a los demás”.
Tras un breve flirteo con la sociología (“me pareció una disciplina estúpida. Esa manera de pensar, esa forma positivista de calcular las cosas… no era nada”), estudio filosofía en la universidad de Bergen y, más tarde, literatura comparada. Su desarrollo intelectual estuvo marcado por cierta clase de anarocomunismo cercano al movimiento hippie. Al Fosse hippie le encanta tocar el violín y leer en el campo.
Durante la década de 1980, cuando se convirtió en “un tipo raro del oeste de Noruega, de su parte rural”, Fosse publicó sus primeras novelas, a saber, Raudt, svart (1983; “Rojo, negro”), que aborda el tema del suicidio, y Stengd gitar (1985; “Guitarra de cuerdas”), sobre una madre que se encuentra en un callejón sin salida después de quedarse encerrada fuera de su casa donde ha dejado a su bebé. Ambas obras presentan la prosa depurada por la que Fosse se haría famoso más tarde. También publicó su primera colección de poemas, Engel med vatn i augene (1986; “Ángel con agua en los ojos”), y su primera colección de ensayos, Frå telling via displayed til writing (1989; “De contar a mostrar a escribir”) Fosse comenzó a ganar reconocimiento en su país natal con la publicación de su novela Naustet (1989; Boathouse ) novela compleja y, según algunos, lo más cerca que ha estado Fosse de escribir un policial. En esa época, ya se había convertido en profesor en la Academia de Escritura de Hordaland para mantenerse, donde machacaba a sus estudiantes con una de sus máximas favoritas: «sólo escribe, no pienses». Además, ejerció de periodista, traductor…en definitiva, un escritor pobre, que fue padre por primera vez a los 20 años, con grandes agobios económicos a sus espaldas.
Llegan los 90, tras varios años de negarse a escribir teatro, un amigo escenógrafo le convence de aprovechar una iniciativa institucional para fomentar la creación dramatúrgica en Noruega. Ofrecían una suma considerable, desde la perspectiva de un escritor sin blanca, a cambio de escribir la escena inicial de una obra que, al final, terminaría convirtiéndose en una obra entera, en su primera obra y, hoy en día, la más representada: “Alguien va a venir” (1992. Nota: a partir de ahora las obras en que solo menciono el título en castellano es que están traducidas). Esta obra la escribió de un tirón, en una especie de trance, y no tuvo que “editarla”, en el sentido de modificar o corregir nada a posteriori. Para su sorpresa, el medio teatral le pareció el más adecuado para la manifestación de su escritura; la economía expresiva que requiere el arte dramático, sus posibilidades conceptuales, así como el uso práctico y simbólico de los silencios se ajustaban a su impronta creativa. Su estilo está directamente atravesado por la herencia de Harold Pinter por el uso del silencio como arma expresiva, de Thomas Bernhard, quien hizo del verso libre una musicalidad escénica particular, así como el ascetismo expresivo de Samuel Beckett y, desde luego, Henrik Ibsen, a quien reconoce como el verdadero poeta de las tinieblas. De entre todos los autores antes mencionados Fosse destaca la enorme influencia de Beckett en su manera de escribir. Su teatro va creciendo con temas y formas que van perfilando un núcleo de preocupaciones recurrentes. Estas se encuentran determinadas por un existencialismo que conjunta la filosofía del lenguaje y un temperamento absolutamente impregnado por su geografía natal y fe religiosa.
Luego, 40 obras de teatro publicadas en los siguientes 15 años, fama internacional, dinero, honores, reconocimiento, premios nacionales e internacionales diversos entre los que cabe destacar la Orden Nacional del Mérito de Francia (2007), traducciones a 50 idiomas de sus obras, vida y creatividad intensas, aceleradas… Como contrapartida, múltiples viajes, noches de hotel, más de la mitad del año fuera de casa y, sobre todo, un intenso proceso autodestructivo con el alcohol. Lo que comenzó siendo una muleta social para sobrellevar la agorafobia ocasionada por sus compromisos sociales profesionales, se va convirtiendo en un infierno adictivo: “a veces me despertaba por la mañana con una botella de whisky en la mano, sin saber en qué lugar me encontraba, ni siquiera donde estaba el cuarto de baño”. En 2009 decide dejar el teatro y el alcohol. El alcohol fue, en cierto modo, su compañero durante años. “Le debo mucho al alcohol, lo digo con gran honestidad. No habría sido capaz de hacer todo lo que he hecho en mi vida sin él”. Sin embargo, “llegó el momento en que esa dependencia se me escapó de las manos”. Entendió que aquella vida empezaba a ser “una especie de suicidio prolongado, aunque no fuera algo que quisiera conscientemente”. La fe se enraizó en él a través del dolor y el sufrimiento. “Me acerqué a la fe tanto a través de la depresión y la angustia como, en parte, a través de una autodestrucción que desembocó en el alcoholismo”. Tras diversos ingresos hospitalarios conoce en 2011 a su futura esposa Anna, traductora eslovaca, católica. Ese mismo año le ofrece el estado noruego la Casa Grotten dentro del recinto del Palacio Real de Oslo, el mayor reconocimiento vitalicio del reino a un artista noruego. En 2012 deja el alcohol, se convierte al catolicismo y contrae matrimonio con Anna por el rito católico. Siente la necesidad de volver al fiordo, hacer vida lenta y prosa lenta. Publica en 2012 el segundo libro de “Trilogía” (2012; “Los sueños de Olav”) y el tercero en 2014 (“Cansancio”) considerada por la crítica su primera obra de madurez y obra cumbre de su narrativa hasta que publica entre 2019 y 2021 los tres tomos de “Septología” que la crítica coloca en lo más alto de su narrativa. En 2023 recibe el premio Nobel de literatura después de algo más de diez años de estar en las quinielas de candidatos, sobre todo por los méritos de su obra teatral. Las preferencias de la Academia Sueca y el jurado del Nobel nunca han estado muy apegadas a la dramaturgia. El último dramaturgo premiado antes de Fosse fue Harold Pinter, en 2005.
En cuanto a las características de la escritura de Fosse refiere que “jamás he escrito para expresarme, como se suele decir, sino más bien para escapar de mí mismo”. Cada uno de sus textos constituye su propio universo de ficción, un mundo propio, por así decirlo. Hay un mundo nuevo en cada obra de teatro, en cada novela, en cada poema. “Tanto en prosa como en poesía yo siempre había intentado expresar por escrito lo que, por lo general, no puede expresarse con palabras en el lenguaje oral habitual. Sí, así es. Intenté expresar lo inexpresable”. Considera que en la vida es más importante lo que no decimos que lo que expresamos con el lenguaje hablado. Dice Ludwig Wittgenstein: “lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar, es mejor callar”. Fosse prefiere parafrasear las célebres palabras de Jacques Derrida: “lo más importante en la vida no puede decirse, solo escribirse”. “Así pues, intenté darle palabras a ese discurso mudo”. “Y al escribir teatro, pude utilizar el discurso mudo, el mutismo humano, de una forma totalmente diferente a como lo hacen la prosa y la poesía. Lo único que tenía que hacer era escribir la palabra «pausa», y el discurso mudo aparecía. En mi dramaturgia, la palabra «pausa» es, sin lugar a dudas, la más importante y la más utilizada, ya sea pausa larga, pausa breve, o pausa sin más. Esas pausas pueden contener tanto y tan poco. Ese algo que no se puede decir, ese algo que no se quiere decir, o que como mejor se dice es no diciendo nada en absoluto”. “En mi prosa, por otra parte, es probable que esa función de las pausas teatrales la cumplan las repeticiones”. “Con ello y con todo, estoy bastante convencido de que lo que más se expresa mediante las pausas es el silencio”. “De la misma forma que existe un discurso mudo en el teatro, existe un lenguaje mudo tras el lenguaje escrito de la novela, y si lo que pretendo es escribir buena literatura, ese discurso mudo debe quedar también expresado. Pero ¿qué se escucha, si se presta suficiente atención? El silencio. Ya en otras ocasiones se ha dicho que solo en el silencio puede oírse la voz de Dios. Podría ser”. “En cierta ocasión, en una entrevista, dije que escribir es una forma de rezo, y me dio mucha vergüenza una vez lo vi publicado. Sin embargo, me consoló un poco cuando leí más tarde que Franz Kafka había dicho lo mismo. Así que tal vez no esté tan mal, después de todo”.

