«Como el aire que respiramos» de Antonio Monegal

Descripción

Sesión presencial sobre primera mitad:  28 de noviembre de 2025 (Biblioteca de Galapagar)

Sesión presencial sobre segunda mitad:  12 de diciembre de 2025 (Biblioteca de Galapagar)

 

COMO EL AIRE QUE RESPIRAMOS

Antonio Monegal

 

Guía de lectura preparada por Blanca Gutiérrez-Colomer

 

 

 

Antonio Monegal nació en Barcelona en 1957.

Licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona, se doctoró en Harvard en 1989 y ejerció la docencia en Cornell University hasta su regreso a España. Es catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Pompeu Fabra.

Es autor de los libros Luis Buñuel de la literatura al cine (1993) y En los límites de la diferencia. Poesía e imagen en las vanguardias hispánicas (1998), además de editor de las obras de García Lorca como Viaje a la luna (1994), El público y El sueño de la vida (2000). Ha sido coordinador de las antologías Literatura y pintura (2000) y Política y (po)ética de las imágenes de guerra (2007).

En octubre 2023 recibe el Premio Nacional de Ensayo, que concede el Ministerio de Cultura y Deporte, con Como el aire que respiramos: el sentido de la cultura. El jurado premia su ensayo «por la excelencia del estilo y la creatividad, y por poner el foco de atención en el concepto amplio y en el carácter integrador de la cultura, que permite comprender y definir lo que somos y hacemos: un fenómeno que da sentido a nuestra sociedad». También se subraya que «Antonio Monegal, frente a los que critican el carácter elitista de la cultura, argumenta, con una narrativa clara, fresca y directa, a favor de ésta como recurso vital, como un bien de primera necesidad en el que se tiene que invertir porque no podemos permitirnos vivir sin ella».

PREÁMBULO

Monegal comenzó a escribir el ensayo en 2020 durante el Covid, cuando se demostró el valor de la cultura al servicio de la sociedad y la importancia de ciertas dimensiones culturales que no acostumbramos a considerar como tales, relativas a la distancia y proximidad en las relaciones sociales.

Señala la relevancia social del teatro en Atenas, donde la participación era una forma de ejercer la ciudadanía: la tragedia era la plasmación dramática de una visión de la realidad, escuela de valores y un espacio público para debatir los conflictos que atenazaban a la sociedad.

Comenta su experiencia en gestión política cultural municipal, en un ambiente de cambio y crisis económica, que cuestiona el modelo y su sostenibilidad, frente a una visión eminentemente utilitarista que prioriza necesidades imperiosas como la sanidad o las jubilaciones. Se acepta el valor de la cultura como motor económico e instrumento de cohesión social, pero se pone en entredicho el carácter de bien común y derecho social de la cultura como uno de los pilares básicos de la sociedad.

El reto que Monegal se plantea en este ensayo es dar respuesta la cuestión: ¿por qué me importa la cultura?

 

  1. ¿IMPORTA LA CULTURA?

Dar respuesta a esta pregunta implica actualizar nuestro concepto de cultura.

Monegal habla de las humanidades, las artes, la literatura, la filosofía, etc. en cuanto a experiencia personal, como compañía y ayuda para enfrentarse al dolor y compartir alegrías. Son drogas saludables: ayudan a vivir, estimulan, evaden, aguzan la percepción y generan modificaciones y revelaciones cognitivas.

Sin embargo, le interesa incidir en la dimensión colectiva de la cultura, su relevancia social. Para ello señala dos errores que la amenazan:

  • Ver la cultura como un accesorio más o menos lujoso, del que se puede prescindir (lo importante es salud, dinero y amor) al servicio de los intereses de una elite.
  • Identificar la cultura con la de uno mismo, de manera elitista y nostálgica.

La verdadera amenaza está en la falta de reconocimiento de lo que es y lo que hace la cultura: “nada hay fuera de la cultura “(Jaques Derrida).

Señala que la cultura es aquello que las humanidades estudian y que a la vez las contiene, que la ciencia es cultura y que la educación y cultura están íntimamente ligadas.

Comparte los razonamientos de Nuccio Ordine en “La utilidad de lo inútil” acerca de los saberes no instrumentales que sirven para todo, pero no sirven para nada y señala con Bataille que lo propio del ser humano y de la naturaleza en general es el exceso: nosotros somos un exceso y un lujo de la naturaleza hasta niveles catastróficos.

Pone en evidencia la dimensión invisible de la cultura para concluir afirmando que la cultura como tal no está en crisis, aunque lo esté el concepto, porque la cultura es el marco ineludible de nuestra existencia.

¿Mi concepto de cultura es elitista?