Hay libros que se escriben de un tirón, impulsados por la urgencia o la inspiración súbita. Y hay libros que se gestan durante años, que crecen en silencio dentro de su autor como una semilla obstinada, hasta que un día irrumpen en el mundo con la fuerza de lo inevitable. Pedro Páramo es, sin duda, de estos últimos.Para entender cómo nació esta novela —una de las más extraordinarias jamás escritas en lengua española— es necesario entender primero al hombre que la concibió, y el mundo que lo formó.
Una infancia marcada por la ausencia y la violencia
Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno nació el 16 de mayo de 1917 en Apulco, Jalisco. La familia Rulfo tenía propiedades en Sayula, San Gabriel y Apulco, y debido a la violencia de la Revolución Mexicana, se movían constantemente. Desde el principio, la vida de Rulfo estuvo marcada por el desarraigo.
Su padre murió asesinado a balazos en una pelea de tierras el 1 de junio de 1923, cuando él tenía seis años. Su madre falleció en noviembre de 1927, quedando bajo la custodia de su abuela. Huérfano a los diez años, el joven Rulfo se internó en una escuela en Guadalajara, lejos del paisaje reseco y fantasmal de su Jalisco natal, pero sin poder alejarse nunca del todo de él.
Esa tierra —árida, violenta, habitada por muertos que parecían no querer marcharse— se quedaría grabada en su imaginación para siempre. Vivió su infancia en el campo, en su tierra natal, donde fue testigo de los violentos episodios de la rebelión cristera entre 1926 y 1929. La Guerra Cristera —ese enfrentamiento brutal entre el Estado mexicano y las comunidades católicas— dejó pueblos vaciados, familias rotas, muertos sin sepultura. Un escenario que décadas después se convertiría en el trasfondo de Comala.

Hacia 1940, Juan Rulfo tomó sus primeras fotografías y escribió sus primeros textos. En esta década recorrió gran parte de México como excursionista y montañista.
Los murmullos que crecen despacio
Los murmullos de Comala empezaron a colonizar la cabeza de Juan Rulfo cuando él tenía unos 26 o 27 años. Una década estuvieron allí creciendo y cobrando formas y nombres borrosos como Juan Preciado, Susana San Juan, Eduviges o Pedro Páramo.
No era el proceso de un escritor que se sienta ante el papel con un plan. Era algo más parecido a una obsesión que se iba sedimentando. Hasta que, a los 35 o 36 años, empezó a traerlos a este mundo, de día, en papelitos verdes y azules que escribía cuando era agente viajero para Goodrich-Euzkadi y que, más tarde, por las noches, al final del trabajo, se hacían visibles en un cuaderno escolar con una pluma de tinta verde.
En dos cartas escritas en 1947 a su prometida Clara Aparicio, hace referencia a la novela que estaba escribiendo como Una estrella junto a la luna, diciendo que le estaba causando algunos problemas. Durante las últimas etapas de escritura, anotó en sus diarios que el título sería Los murmullos. Solo al llegar a la imprenta la novela tomaría su nombre definitivo: Pedro Páramo.
Entre 1952 y 1954, Rulfo fue becario del Centro Mexicano de Escritores. Fue allí, en ese espacio de tiempo protegido, donde la novela tomó por fin su forma definitiva. Con 37 años, en solo cuatro o cinco meses de 1954, murmullos, formas y nombres entrelazados de historias se precipitaron como un torrente sobre los dedos de Juan Rulfo que tecleaban en su máquina de escribir. Llegaron a este mundo en unas trescientas páginas. Luego vino el trabajo más difícil: la poda. Editar y editar hasta dejar el texto en 149 páginas de pura esencia.
Una realidad imaginada, no copiada
Rulfo tenía una concepción muy particular del proceso creativo. No era un realista que transcribiera el mundo, sino un artista que lo reinventaba. El proceso de creación que seguía no era calcar la realidad, sino imaginarla. Lo único real de Pedro Páramo es la ubicación del personaje, pero los paisajes y la atmósfera eran suyos con la verosimilitud de su arte.
En sus propias palabras: «No podemos repetir lo que está diciéndose. Tiene que crear otra realidad.» Por eso Comala no es un pueblo real, aunque remita al Jalisco que Rulfo conoció. Es un espacio mítico, un umbral entre el mundo de los vivos y el de los muertos, donde el tiempo no avanza sino que se acumula y se pudre.
Posterior a su publicación, el autor reveló que la historia se consolidó en torno a la imagen de Susana San Juan, personaje inspirado en una mujer que Rulfo conoció brevemente en su juventud y que nunca volvió a ver. Esa figura femenina —bella, esquiva, irrecuperable— se convirtió en el corazón secreto de la novela y en el único amor verdadero de Pedro Páramo.
El impacto que tardó en llegar
Inicialmente, la novela fue recibida con frialdad por la crítica y vendió apenas dos mil copias durante los primeros cuatro años. Rulfo, que era un hombre introvertido, tímido y enigmático, silencioso, celoso de su intimidad, no se prodigó en la defensa de su obra. Simplemente esperó.
Y la espera mereció la pena. Cuando Pedro Páramo llegó a manos de Gabriel García Márquez en 1961, algo cambió para siempre en la literatura latinoamericana. García Márquez ha dicho que se sentía bloqueado como novelista tras sus primeros cuatro libros, y que fue el descubrimiento transformador de Pedro Páramo lo que le abrió el camino hacia la composición de su obra maestra, Cien años de soledad.
Jorge Luis Borges consideró Pedro Páramo como uno de los más grandes textos escritos en cualquier idioma. Y el propio García Márquez señaló que toda la producción escrita de Rulfo no supera las 300 páginas, pero que esas páginas son tan perdurables como las que nos han llegado de Sófocles.
Con una obra brevísima —dos libros fundamentales en toda su carrera literaria—, Rulfo logró lo que muy pocos escritores consiguen: cambiar para siempre la manera en que se narra.
¿Por qué leer hoy Pedro Páramo?
Porque es una novela que no envejece. Porque la historia de Juan Preciado buscando a su padre en un pueblo de muertos habla de algo universal: la búsqueda de origen, el peso del pasado, la imposibilidad de escapar de lo que somos.
Porque Comala es cualquier lugar donde el poder aplasta a los débiles y el amor se vuelve obsesión destructiva. Y porque pocas veces la prosa en español ha alcanzado esa densidad poética, esa precisión casi quirúrgica que convierte cada frase en un pequeño golpe en el pecho.
En Club de Lecturas debatiremos sobre Pedro Páramo el próximo sábado 4 de abril de 2016 a las 19hrs CET en sesión online por Zoom, moderada por Vicky Toscano desde Guadalajara, México — quien además ha elaborado la guía de lectura completa de la novela.
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¡Nos vemos!
Jorge Ponce Dawson – Director de Club de Lecturas
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