Un lugar soleado para gente sombría – Mariana Enríquez

Descripción

SESIÓN ONLINE: Sábado 28 de febrero de 2026

 

UN LUGAR SOLEADO PARA GENTE SOMBRÍA Mariana Enriquez

Editorial: Anagrama

Debate Online Club de lecturas: Sábado 28 febrero 2026 – 19hrs CET (España Peninsular)

 

Guía de Lectura preparada por: Francisco Romero Pérez, conectado desde Torre Pacheco, Murcia, España

 

Mariana Enriquez – Bio

Mariana Lorena Enríquez Ledesma, Mariana Enriquez (sin tilde, como ella prefiere), escritora y periodista, es una figura clave en la denominada “nueva narrativa argentina”.

Nació en Buenos el 6 de diciembre de 1973. Se crió en una localidad próxima donde vivía su abuela materna, Hilda, hija de italianos y oriunda de Corrientes. Según ha contado la propia autora, de Hilda proviene parte del sustrato de leyendas y folclore que anidó en su escritura. De hecho, ha manifestado que esas historias que le transmitía la abuela, unas leyendas que mezclaban ritos afrobrasileños, cuentos guaraníes y santos católicos, le generaron un terror subyugante al que se hizo adicta. Por contra, su otra abuela, que era gallega, en lugar de contarle las típicas historias de meigas de su tierra, se declaraba racional, anticlerical y antifascista. Así pues, la pequeña Mariana vivió su niñez entre el realismo político de su abuela paterna y la visión espiritual y fantástica de su abuela materna.

Enriquez se licenció en la Universidad Nacional de La Plata en Periodismo y Comunicación Social. Allí tomó contacto más profundo con la literatura de terror e inició su carrera como periodista y columnista.

Inicialmente se ganaba la vida como freelance pero su estilo personal le fue haciendo un nombre. En aquella época también trabajó como guionista, aunque no guarda muy buen recuerdo de esa etapa, en especial abomina de algunas de sus aportaciones a documentales que escribió para un canal de televisión por cable especializado en agricultura.

Ya  en sus trabajos, artículos, crónicas y entrevistas, se apreciaba su tendencia a atender lo marginal y lo contracultural. Literatura, música rock, exposiciones artísticas, movimientos sociales y cultura popular fueron temas recurrentes en sus escritos que, en ocasiones, saltaron de las páginas de prensa a las de libros con ensayos de enfoques singulares en los que no evitaba las zonas más oscuras. Ha realizado colaboraciones para revistas diversas y ha locutado un programa en Radio Nacional, Gente a pie.

En 1995 entró en el diario argentino Página 12 donde ha llegado a ser subdirectora del prestigioso suplemento dominical de cultura y tendencias Radar.

En 2020 Enriquez fue nombrada directora de Letras del Fondo Nacional de las Artes, un organismo para el apoyo de iniciativas culturales sin ánimo de lucro. En el desempeño del cargo vivió una gran polémica. Múltiples críticas sobre la parcialidad de Enriquez a la hora de ponderar proyectos orientados a la ficción y lo fantástico por encima de otros géneros en las estimaciones para ayudas y subvenciones derivaron en su abandono del cargo al año siguiente.

Enriquez ha impartido durante varios años clases de escritura creativa en la Fundación Tomás Eloy Martínez.

En 2023 estrenó en Buenos Aires una performance teatral de terror, No traigan flores, que resultó un éxito tal de público que decidieron realizar una gira por varias ciudades argentinas; e incluso se estrenó en Santiago de Chile.

El personaje

Su circunstancia de ser hija única y sus tempranos ataques de angustia la llevaron a refugiarse en los libros, a psicoanalizarse desde los 5 años, a desarrollar una autonomía reflexiva y a cierta tendencia a lo oscuro. Cuando solo tenía 11 años un tío le regaló una obra de terror para adultos, Cementerio de animales, de Stephen King, desde entonces uno de sus autores favoritos.

Su inicio como escritora fue una primera novela que desechó, y que le hizo abandonar temporalmente su vocación. Sin embargo, continuaba siendo una lectora voraz y de ahí volvió a sentir el empuje por escribir. Sacaba ratos por la noche, al término de la jornada laboral, para escribir relatos.

La música desempeña un papel importante en su obra y en su vida. De no escribir hubiera querido tener una banda para cantar y escribir canciones. Afortunadamente para la literatura, de muy joven abandonó esa afición. Y eso a pesar de que ha dicho que la música, las canciones y los músicos son más importantes en su vida que la literatura. De hecho, escribe con música, generalmente rock, punk y cierto country oscuro, y en ocasiones hace públicas las obras que la han acompañado en el proceso creativo.

Su enfoque literario desborda sus libros y tiene un claro reflejo en su vida. Se deja acompañar por sus obsesiones y aficiones. Entusiasta del ocultismo y de las historias de vampiros y zombis, se ha interesado mucho por los ecos populares de lo esotérico; ella misma porta con frecuencia como amuleto protector un anillo de San La Muerte.

Su obra

Su primera novela, Bajar es lo peor (1995), una historia de jóvenes, drogas y rock, no obtuvo buenas críticas, pero sí una muy espléndida acogida popular. Ese impulso de ventas le sirvió para seguir intentándolo y, años después publica Cómo desaparecer completamente (2004) y Chicos que vuelven (2011), y el libro de relatos Los peligros de fumar en la cama (2009). En el ámbito no literario publicó los ensayos Mitología celta (2007), Alguien camina sobre tu tumba: Mis viajes a cementerios (2013) y La hermana menor, un retrato de Silvina Ocampo (2014).

El respaldo de la crítica fue progresivo. En 2017 se alzó con el Premi Ciutat de Barcelona, en la categoría en lengua castellana por su libro Las cosas que perdimos en el fuego. En 2018 consiguió el tercer premio nacional de literatura de Argentina por el relato corto que da título a ese mismo libro.

Fue con su novela Nuestra parte de la noche, en 2019, cuando empezó a descollar, consiguiendo el favor de público y crítica que la consagró como autora de referencia del género. La novela, ambientada en los años de la dictadura, cuenta la epopeya de un padre y un hijo a los que acosa una sociedad secreta. La obra consiguió el prestigioso Premio Herralde, que otorga la editorial Anagrama; el Premio Celsius, otorgado por la Semana Negra de Gijón; y el Gran Prix de l´Imaginaire, que concede el festival de literatura fantástica, terror y ciencia ficción de la localidad francesa de Clermont-Ferrand.

En 2024 Anagrama publica Un lugar soleado para gente sombría, y ya la autora es un fenómeno de ventas en el mundo editorial en español. El libro de relatos ganó el Premio Mundial de Fantasía, un galardón que se entrega en una convención internacional y que en 2025, en Brighton, se decantó por Enriquez en la categoría de colección de relatos por, según el jurado, “su renovación del terror desde lo social y lo íntimo, consolidando su lugar como una de las voces más potentes del género”.

Enriquez es muy prolífica y ha trabajado con profusión en diferentes formatos.

Sus crónicas periodísticas las ha reunido en El otro lado. Retratos, fetichismos, confesiones (en edición de Leila Guerriero).

Recientemente, Anagrama ha publicado Nunca cruces ese umbral, tres narraciones en la tradición del terror clásico.

Su obra ha tenido adaptaciones al teatro (Las cosas que perdimos en el fuego) y al cine (La virgen de la tosquera) y este año Netflix emitirá una miniserie dirigida por el chileno Pablo Larrain basada en el cuento Mis muertos tristes.

Ha publicado relatos en medios como The New Yorker, Granta, Freeman’s y Electric Literature.

La obra de Enriquez ha sido traducida a más de 30 idiomas, entre otros, checo, italiano, francés, portugués, neerlandés, inglés, chino, polaco y alemán

Estilo

Su experiencia vital permeó su escritura de forma determinante. En ella se pueden apreciar a simple vista consecuencias en sus personajes de algunos de los capítulos más negros de su país. Vivió los vestigios del peronismo, la sacudida de la dictadura militar, el impacto de las historias de los desaparecidos por el régimen, los ecos de la guerra de las Malvinas y la crisis económica que concluyó con el llamado “corralito”.

Enriquez buscó una voz propia en la narrativa de terror. Huye del subrayado, de los efectos coloristas y, más que la irrupción del fenómeno terrorífico en lo cotidiano, trabaja con la idea de la amenaza, del sentido de lo vulnerable, del peligro en lo próximo, la maldición de episodios del pasado. Básicamente, en sus textos te alcanzan tus propios miedos.

No se trata tanto de generar terror con violencia sobrenatural como de plantear que la violencia del mundo real provoca traumas que perduran y en los que los fantasmas son una forma de expresarlo, una metáfora.

La propia autora ha contado que cuando la dictadura decidió hacer desaparecer los cuerpos de aquellos a quienes asesinó —sin confesar qué hizo con ellos— “creó fantasmas: los desaparecidos; muertos sin cuerpo, por siempre jóvenes, por siempre prestos a retornar.” Ella asume que eso marcó su adolescencia: “El nivel de detalle de las torturas durante el juicio era altísimo. Yo escuchaba por la radio por la noche los testimonios más brutales, y esas sí que eran historias que me dieron miedo.”

Las criaturas que se pasean por sus páginas emergen de la vida cotidiana, son manifestaciones de miedos colectivos a la soledad, a la vejez, al pasado, a perder el estatus, a lo desconocido.

En Enriquez hay una clara inquietud estética, aunque sea una estética no normativa. Así se comprende que se reivindique “superfan” de Rimbaud, cuya poesía considera inolvidable por su belleza y vehemencia.

Es fácil encontrar en su escritura la huella de Lovecraft o Poe, y ella se confiesa admiradora de autores tan diversos como Carson McCullers, Truman Capote, Cormac McCarthy, Silvia Plath, o David Lynch. Pero ella opta por eludir el modelo de terror anglosajón y busca un enfoque mucho más local, latinoamericano, pegado a sus leyendas.

Su formación periodística también le sirve de apoyo. Para empezar, su forma de trabajar, pues ha aprendido a no sufrir por la página en blanco. Además, esa mirada periodística le ha sido útil, primero, para atender a la crónica diaria, toma hechos de la realidad para la ficción, y luego para discriminar cuáles de esos sucesos reales pueden ser más icónicos. En el fondo, según su propia visión, su literatura trata de utilizar el horror de la realidad para intentar cambiarla; en el fondo hay denuncia de abusos e injusticias, algo directamente conectado con el periodismo.

El enfoque de algunas de sus historias tiene mucho del género de la crónica, una fórmula que le permite salir de la estructura de cuento con unas pinceladas periodísticas que dan la posibilidad a las narradoras de establecer cierta distancia con el protagonista.

Además, esto encaja en su intención de mezclar lo fantástico con el realismo. El miedo muchas veces tiene que ver con la inseguridad de la clase media, la sensación de amenaza a su estatus.

“Mi sensación con el terror siempre ha sido que, lejos de ser algo para asustar a la gente, es algo popular que las personas disfrutan y consumen”, señala. Añade que es una narrativa “no prestigiosa”, aunque eso, a su juicio, está cambiando últimamente gracias a escritores como ella, que le ven “el potencial político a lo fantástico porque a veces el realismo no alcanza para expresar la realidad en su totalidad”. Una realidad que no se limita a los hechos sino “a lo que te pasa, a cómo te sentís vulnerado o amenazado” .

Pregunta #1 ¿Por qué crees que la literatura de terror es considerada habitualmente un género menor por la crítica y suele disfrutar de gran seguimiento de aficionados?

 

 

 

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