Descripción
Sesión única (Biblioteca de Galapagar) – 19 de septiembre de 2025
Theodoros
Mircea Cărtărescu
Editorial: Impedimenta, 2025 / Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Debate Club de lecturas Galapagar: Viernes 19 de septiembre 2025 – 19hrs, Biblioteca Municipal “Ricardo León” de Galapagar
Guía de Lectura preparada por: Miguel Ángel, Cercedilla, Madrid.
Ubicación de esta guía en la web de Club de Lecturas:
https://www.clubdelecturas.com/producto/theodoros-de-mircea-cartarescu/?v=6e0920aaa21c

Mircea Cărtărescu – BIO
Mircea Cărtărescu nació el 1 de junio de 1956 en Bucarest, Rumanía, en el seno de una familia humilde sin tradición literaria. Sus padres, trabajadores de origen campesino, no tenían libros en casa, por lo que su primer contacto con la lectura fue a través de una pequeña biblioteca pública en su barrio. A los 12 años, descubrió esta biblioteca y, aunque el bibliotecario le parecía una persona extraña que le causaba cierto temor, se convirtió en su único usuario habitual, llegando a leer los aproximadamente 500 libros que allí se encontraban. Su pasión por la lectura lo llevó a sacrificar incluso su alimentación. Su madre le daba dinero para comprar bocadillos en la escuela, pero él prefería ahorrar ese dinero para adquirir libros. Con el equivalente a cinco o seis bocadillos que nunca compró, lograba hacerse con un libro. De esta manera, construyó su propia biblioteca personal.
Una anécdota significativa en su infancia es un ritual tradicional rumano al que fue sometido de niño. Relata Cãrtãrescu cómo a la edad de cinco años, en la pintoresca barriada donde vivía en Bucarest, los niños pasaban por la ceremonia del “corte del mechón” y entrega de regalos por su bautizo. En esta ceremonia, se colocaban diversos objetos frente al niño, y el que este escogiera supuestamente predecía su futuro. Recuerda que agarró con fuerza el lapicero del padrino, que era carpintero, y no quiso elegir nada más. Los presentes interpretaron este gesto como una señal de que se convertiría en carpintero. Sin embargo, Cărtărescu reflexiona que, de alguna manera, ese lápiz simbolizó su destino como escritor, ya que toda su obra la ha escrito con ese «lápiz de carpintero» que el destino le otorgó.
Durante su adolescencia Cărtărescu experimentó una profunda soledad. Pasaba semanas enteras sin hablar con nadie, dedicándose exclusivamente a la lectura. A los catorce años le cruzó por la mente por primera vez la noción del solipsismo: no tenía pruebas de que nadie más existiera excepto él. Todos los demás podían ser personajes en un sueño. Este aislamiento lo llevó a un estado cercano a la irrealidad a caballo entre una forma suave de autismo y la esquizofrenia. Refiere que escribir y la mili le ayudaron a no cruzar el límite. En clase, llenaba la pizarra con versos de los poetas que leía, causando asombro y desconcierto entre sus compañeros. Se desprendía lentamente de la realidad, sumergiéndose en el mundo de los libros.
Cărtărescu estudió en la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest, donde entró en contacto con otros jóvenes escritores que formarían la llamada «Generación de los 80». La competencia entre ellos era intensa; cada uno aspiraba a ser el mejor. Cuando alguno leía un poema destacado, los demás se sentían motivados a superarlo. Esta dinámica de emulación constante contribuyó a su desarrollo como escritor.
Tras graduarse, trabajó como profesor de lengua rumana en una escuela del barrio de Colentina en Bucarest. La enseñanza le ocupaba las tardes, disponiendo de las mañanas libres para escribir. Este equilibrio le permitió desarrollar su carrera literaria mientras mantenía una conexión con la comunidad local. Los niños eran obedientes y respetuosos, lo que facilitaba su labor docente. Durante 10 años, en los 90, ejerció el periodismo político, hasta que el periódico para el que trabajaba cerró por problemas económicos. Nunca ha vuelto a sentir la llamada del periodismo que, por lo visto, no le trae buenos recuerdos y le ocasiono ser considerado persona non grata por buena parte de la clase política dominante rumana.
Cărtărescu ha mantenido una relación de amor y odio con su ciudad natal, Bucarest. En sus obras, la ciudad es más que un simple escenario; se convierte en un personaje en sí misma. Ha expresado que, al escribir sobre Bucarest, busca que la ciudad se le asemeje, siguiendo el modelo de autores como Dostoievski con San Petersburgo o Borges con Buenos Aires.
Cărtărescu tiene un método de escritura particular. Escribe a mano, sin corregir, y sin un plan previo. Cada página es una revelación en sí misma, y considera que la escritura no es para él un trabajo ni un arte, sino un acto de fe, una suerte de religión personal que puede redimir el sinsentido de la existencia. Narrar es un modo de sostener la vida, de darle forma y trascenderla. Para él la poesía no está ligada a las palabras, sino a un modo especial de pensar y ver las cosas, a una mirada oblicua y casi infantil, al mismo tiempo inesperada y natural. Para él la poesía hecha de palabras no es diferente: es también parte del inmenso poema en el que vivimos. Dejo de escribir poesía por voluntad propia a los 30 años. Desde entonces ha escrito cuentos que en realidad son poemas, novelas que son poemas, ensayos que son poemas. Incluso sus artículos periodísticos tienen algo inasible que él llama poesía. Para él no hay diferencia. Escriba prosa o poesía, o no escriba nada, él se considera un poeta. Siempre lo he sido. Cree que, por su falta de utilidad, la poesía es lo único incorruptible que existe. La literatura de Cărtărescu deja traslucir un pensamiento con una religiosidad ambigua que oscila entre la fe y el escepticismo, entre el nihilismo y la esperanza mística, entre el caos del mundo y la posibilidad de una transfiguración a través del arte y de la imaginación. En sus obras Dios se presenta a veces como un enigma terrible, otras como un vacío y otras como una fuerza luminosa a la que aspirar. El poder político, militar o religioso aparece como grotesco, degradante, pero también como algo inevitablemente ligado a las pasiones humanas. En algunas de sus obras utiliza sus sueños, registrados y clasificados en sus diarios desde los 17 años, como esqueleto estructural de la ficción. Cărtărescu aspira, en relación con el lector, a que sus libros sean una especie de mayéutica socrática, donde la lectura no modifica al lector, sino que saca lo que hay dentro de él, de forma que a través de los libros los lectores se lean a sí mismos. A lo largo de su carrera, ha recibido numerosos premios literarios, tanto en Rumanía como a nivel internacional. Su obra ha sido traducida a múltiples idiomas, y ha trabajado estrechamente con sus traductores, a quienes considera amigos y en quienes deposita una total confianza. Aunque no participa directamente en el proceso de traducción, confía plenamente en la capacidad de sus traductores para transmitir la esencia de su obra. Entiende que la traducción es una de las artes elevadas y respeta mucho a la gente que se dedica a ella. El mismo ha traducido al rumano las letras de las canciones de Bob Dylan tres años antes de su controvertido, pero a su parecer, bien merecido Nobel. También tradujo a Charles Simic y los poemas, no las letras de canciones, de Leonard Cohen.
Admira y reconoce estar influido por muchos escritores, entre los que hay una larga lista de latinoamericanos. Sobre todos ellos admira a Kafka, que para él es el escritor más grande justamente porque no era un escritor en absoluto. Era más un sacerdote o un oráculo que le rendía culto a los demonios de la literatura. Refiere que sus diarios, quizá más que sus cuentos y novelas, evidencia una mente especulativa formidable, y una firmeza para explorar los mismísimos límites del lenguaje, que son también, como decía Wittgenstein, su homólogo en el ámbito de la filosofía, los límites del mundo.
Mircea Cărtărescu está casado con la poeta rumana Ioana Nicolaie, con quien tiene un hijo. Actualmente, es profesor en la Universidad de Bucarest, donde continúa impartiendo clases y contribuyendo al desarrollo de nuevas generaciones de escritores.
Obra traducida al castellano. Novelas y relatos
- «Nostalgia»
- Publicación original en rumano: 1993
- Traducción al castellano: 2012
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Incluye el relato «El Ruletista».
- «El Ruletista»
- Publicación original en rumano: 1989
- Traducción al castellano: 2010
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Publicado originalmente como parte de «Visul», versión censurada de «Nostalgia».
- «Lulu» (Título original: «Travesti»)
- Publicación original en rumano: 1994
- Traducción al castellano: 2011
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Premio de la Unión de Escritores Rumanos y Premio ASPRO.
- «Las Bellas Extranjeras»
- Publicación original en rumano: 2010
- Traducción al castellano: 2013
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Premio Euskadi de Plata de Narrativa en 2014.
- «El ojo castaño de nuestro amor»
- Publicación original en rumano: 2012
- Traducción al castellano: 2016
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Edición especialmente preparada para el castellano por el autor.
- «Solenoide»
- Publicación original en rumano: 2015
- Traducción al castellano: 2017
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- «El Levante»
- Publicación original en rumano: 1990
- Traducción al castellano: 2015
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- Nota: Premio de la Unión de Escritores Rumanos.
- «Por qué nos gustan las mujeres»
- Publicación original en rumano: 2004
- Traducción al castellano: 2006
- Editorial: Funambulista
- Traducción: Manuel Lobo Serra
- Nota: Traducción realizada desde la versión alemana y no del original rumano.
- Trilogía «Cegador» (Título original: «Orbitor»)
«El ala izquierda» («Orbitor: Aripa stângă»)
- Publicación original en rumano: 1996
- Traducción al castellano: 2018
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
«El cuerpo» («Orbitor: Corpul»)
- Publicación original en rumano: 2002
- Traducción al castellano: 2020
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
«El ala derecha» («Orbitor: Aripa dreaptă»)
- Publicación original en rumano: 2007
- Traducción al castellano: 2022
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
- “Theodoros”
- Publicación original en rumano: 2022
- Traducción al castellano: 2024
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Obra traducida al castellano. Poesía
«Poesía esencial»: recopilación de libros de poesía publicados entre 1980 y 2010.
- Publicación original en rumano: 2015
- Traducción al castellano: 2021
- Editorial: Impedimenta
- Traducción: Marian Ochoa de Eribe y Eta Hrubaru.
Theodoros – Mircea Cărtărescu
El libro del que nos vamos a ocupar en esta sesión del club de lecturas de Galapagar es Theodoros, la última novela de Mircea Cărtărescu, publicada en Rumanía en 2022, traducida al castellano por Marian Ochoa de Eribe y publicada por la editorial Impedimenta en 2024.
Para tener una idea de cómo se gestó esta obra no se me ocurre nada mejor que reproducir la nota del autor que aparece al final de la novela:
“Theodoros, el protagonista de mi novela, existió en realidad. Conocemos sus primeros años de vida gracias a la Carta del memorialista Ion Ghica dirigida a Vasile Alecsandri en 1883. En ella el autor plantea la conjetura, basada en una epístola a la reina Victoria conservada en los archivos británicos, de que el joven criado desaparecido en Ghergani, en la corte de su padre, se hubiera convertido, después de varias décadas de aventuras nebulosas, en el rey Tewodros II de Etiopía. Esa suposición carece de base histórica real, pero abre la fascinante perspectiva de una historia falsa, ficticia, mítica y arquetípica, perfecta para componer la sustancia de una novela.
Desde la primera lectura de la Carta de Ion Ghica, hace cuatro décadas, supe que algún día escribiría la novela de Theodoros, una novela pseudohistórica, de ficción, en la que lo imposible se vuelve posible en otra creoda temporal, en otro mundo, «con otros ríos y otros dioses». Me he visto obligado, sin embargo, a aplazar, año tras año, este proyecto de toda una vida, enfrascado siempre en la idea de llevar a buen término otros libros más acuciantes. También mi Diario está salpicado, desde hace treinta años, de notas sobre Theodoros y del sentimiento de que tengo que hacer acopio de valor para comenzarlo de una vez por todas. Solo ahora, en una época de depresión, confusión, pandemias y guerras, como de fin del mundo, he encontrado por fin los dos años en los que, para poder sobrevivir, he escrito Theodoros, tal y como mi personaje llegó a realizar finalmente (se non è vero, è ben trovato) el sueño de convertirse en rey.
Junto a la citada carta del memorialista del siglo XIX, las otras fuentes para configurar mi novela han sido La Biblia, el libro sagrado etíope Kebra Nagast y un texto histórico anónimo sobre la vida del rey Tewodros II, que se encuentra en internet (http://www.citydata.com/forum/africa/23o8932-mad-dog-king-abys-sinia-dern-foun-r.ht-ml <<). Todas estas fuentes están manipuladas, reinterpretadas y fundidas en la sustancia del libro. Aunque he procurado que cada detalle de mi novela esté bien documentado, de tal manera que el lector pueda descubrir gracias a él cómo eran la geografía y la historia, la religión y la cultura, las costumbres de sus habitantes, la flora y la fauna, qué se comía y se bebía, etc., en cada uno de los cuatro mundos que se entrecruzan en este libro (Valaquia, el Archipiélago griego, Etiopía y la Judea del rey Salomón), Theodoros no aspira a ser sino una obra de ficción.”
La colección de cartas, publicada por primera vez en 1884, se considera ahora un clásico de la literatura memorialística rumana. El crítico rumano Cesar Gheorge comenta que «la carta de Ion Ghica del 27 de julio de 1883, enviada a Alecsandri desde Londres, el texto que constituyó el esqueleto inicial sobre el que Mircea Cărtărescu construyó la historia de Theodoros, se sorprenderán por la simplicidad de la historia inicial inventada por el biógrafo mientras se aburría como ministro plenipotenciario de Rumania en Londres. La historia de Tudor, Theodoros, Tewodros, quien de hijo de un sirviente en la finca Ghergani de Tache Ghica se convierte en emperador de Etiopía, se presenta en la carta en sus datos esenciales, con pocos detalles que revestirían la historia con la atmósfera de la época. Lo que inspiró a Cărtărescu es, quizás, el lenguaje en la carta de Ghica. En realidad, sobre la base de una novela de aventuras, el autor crea una síntesis compleja de todo el ethos de la civilización en la zona de Valaquia, el archipiélago griego, Etiopía y Judea desde la época del emperador Salomón. En otras palabras, se trata de un libro que rompe con la esencia y la arquitectura de Levante, pero que adopta una forma épica más accesible para el lector que no necesariamente reconoce las convenciones lingüísticas de diferentes momentos de la historia de la literatura.” En la inverosímil afirmación de Ion Ghica está el embrión de la novela. El Theodoros de Ion Ghica se convierte en el Theodoros de Cărtărescu.
“Theodoros puede ser considerado también como una ópera musical, con coros, recitativos, con una escenografía barroca. El primer capítulo es la obertura de esa ópera y comprende todos los temas que serán desarrollados a continuación. La armonía y el contrapunto tienen aquí una contribución fundamental a través de la alternancia de las escenas y de los cambios de registro lingüístico”, dijo Cărtărescu.

Portada libro, Ed. Impedimenta. Ilustración: Dan Hillier.
Resumen del Capítulo 1 – Parte primera: Tudor
El primer capítulo abre la novela con una especie de obertura atronadora, trágica y grandilocuente, con la caída del emperador Tewodros II, conocido en su infancia como Tudor, tras su derrota frente a las tropas británicas en Magdala. La narración comienza con una escena sangrienta y sacrílega donde Tewodros se santigua con sangre. El narrador en segunda persona lo ve como un acto de profanación e hipocresía del protagonista, que ejecuta un acto sagrado con las manos manchadas de pecado. Su sacrificio no es aceptado por Dios.
En este capítulo el narrador nos introduce en una atmósfera crepuscular, cargada de imágenes de decadencia, ruina y gloria pasada. Se describe cómo Tewodros se atrinchera en su fortaleza, rodeado de sus fieles y de reliquias sagradas, esperando la llegada del enemigo. Su suicidio se presenta no solo como un acto de desesperación, sino también como un gesto ritual y político. Prefiere la muerte a la humillación.
En paralelo, el capítulo proyecta esta figura imperial hacia su origen humilde en Valaquia, insinuando que detrás de ese emperador africano hay un hombre llamado Tudor, hijo de sirvientes, criado en la periferia del imperio otomano. Tudor asciende desde la nada, dominado por la voluntad de poder, hasta convertirse en un déspota absoluto. Se plantea desde el inicio la pregunta central: ¿cómo un niño valaco termina convertido en emperador de Etiopía? Tudor se reinventa varias veces (Tudor → Theodoros → Tewodros), mostrando el tema de la máscara y la falsificación del origen.
La narración en segunda persona («tú») es inusual y poderosa. Funciona como una acusación, una confesión y un juicio final a la vez. El narrador interpela a Tewodros como si fuera su conciencia, un ángel o Dios. El capítulo es un largo monólogo interior, sin cortes, que combina la memoria, la visión alucinada y la narración histórica.
Cărtărescu comienza su novela desde el final, para luego retroceder en el tiempo. El capítulo establece desde el inicio la estructura circular y simbólica del libro. No se trata de una biografía lineal, sino de un relato sagrado y profano a la vez, donde el nacimiento y la muerte del protagonista son espejos uno del otro.
El lenguaje es característicamente barroco, denso, lírico y visionario. Cărtărescu construye imágenes potentes y a menudo delirantes, que rozan lo surreal. La muerte de Tewodros se narra como una epifanía trágica, con símbolos religiosos, ecos bíblicos y atmósfera de Juicio Final.
Desde este primer capítulo, el autor establece una tensión constante entre lo divino y lo demoníaco, lo sublime y lo grotesco, entre la auténtica fe que el narrador subraya como un atributo divino y el don demoniaco de la voluntad. Tewodros aparece como un profeta y al mismo tiempo un déspota, un redentor que sacrifica todo por su visión, obsesionado con su destino, pero también un hombre marcado por el crimen y la ambición.
Tewodros no es un héroe tradicional. Es un antihéroe mesiánico. Su destino es grandioso, pero sus medios son oscuros; su fe lo guía, pero su voluntad de poder lo consume. Esta ambigüedad moral será una constante en toda la novela. El texto plantea una visión fatalista. El personaje, a pesar de su inteligencia y visión, está condenado por su soberbia.
El capítulo mezcla hechos históricos reales (la caída de Magdala, la intervención británica, la figura de Tewodros II) con elementos ficcionales y míticos. Cărtărescu borra las fronteras entre lo histórico, lo onírico y lo alegórico, transformando al personaje en un arquetipo.
El capítulo esta trufado de aspectos simbólicos. La cruz se transforma en carro de guerra, símbolo de la mezcla entre religión y violencia. La sangre, omnipresente, representa el pecado, la violencia, la ofrenda sacrificial, pero también la redención frustrada. La carta a Napier es una especie de testamento espiritual, pero también un acto teatral de justificación y delirio imperial. Las pistolas de la reina Victoria, regalo de quien alguna vez fue aliada, son instrumento de la muerte y símbolo de la ironía histórica.

El incendio de Troya con Eneas llevando a Anquises, François de Nomé.

El suicidio de Tewodros II.


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