Descripción
Sesión online – Sábado 22 de marzo de 2025 – Audio en IVOOX: https://go.ivoox.com/rf/143601737
ROJO Y NEGRO
Stendhal
Editorial: Austral
Debate online: Sábado 22 Marzo 2025 – 19hrs CET (Madrid)

Guía de Lectura preparada por: Francisco Romero Pérez – Torre-Pacheco, Murcia, España
Ubicación de esta guía en la web de Club de Lecturas:
https://www.clubdelecturas.com/producto/rojo-y-negro-stendhal/
Henri-Maries Beyle (Stendhal)
Stendhal es uno de esos autores en los que su biografía explica gran parte de su obra. El autor está presente ocasionalmente en el narrador y sus anhelos y vivencias sirven para trazar los principales rasgos de sus protagonistas.
Henri-Marie Beyle, conocido por el seudónimo de Stendhal, nació en Grenoble el 23 de enero de 1783, seis años antes de la toma de la Bastilla.
Huérfano de madre desde los siete años, fue su tía Séraphie quien ocupó el rol materno. Su padre, que trabajaba como abogado en la audiencia provincial, era un ferviente defensor de la causa monárquica, por lo que llegó a ser encarcelado.
El distanciamiento de su padre, distante, severo y de costumbres estrictas, forjó su actitud contestataria, animó su rechazo a la monarquía y avivó sus ganas de abandonar el ambiente encorsetado de provincias.
El adolescente Beyle inició su formación con un sacerdote jesuita como preceptor. Sus enseñanzas no germinaron en el díscolo alumno, que compensaba la rancia formación con lecturas, al modo de como narra de Julien en Rojo y negro.
Cuando se fue a vivir con su abuelo materno, el doctor Henri Gagnon, un volteriano entusiasta, el cambio está consumado.
Allí, la biblioteca familiar dispone de unos estantes con grandes obras, que le dan ocasión de conocer literatura universal y ensayos de la ilustración. También había unos anaqueles con novelas sin encuadernar que pertenecían al libertino de la familia, el tío Romain Gagnon.
El apartamento del abuelo, que daba a la plaza principal, se convierte en atalaya desde la que observar el lento discurrir de la vida de la gente bien de la ciudad, así como el disturbio de la llamada Jornada de las tejas, uno de los precedentes de la Revolución que se avecinaba.
Alumno brillante en la École Centrale, las habilidades de Beyle apuntaban a una formación técnica. De hecho, llegó a obtener un premio en matemáticas. Pero enfermó cuando tenía que realizar la prueba de acceso a la Escuela Politécnica de París, y el mundo perdió un buen matemático y ganó un extraordinario novelista.
Un primo le consiguió un puesto de trabajo en el Ministerio de Guerra, lo que primero le permitió conocer la retaguardia militar en París y, después, le abrió la puerta a viajar y a empaparse del ambiente napoleónico. Como ayudante de campo del general Michaud en la campaña italiana, el joven queda embelesado con las ciudades italianas, a las que volvería varias veces, en donde viviría unos años y en las que escribiría tratados de arte, biografías de compositores y estudios sobre Roma, Nápoles y Florencia.
La manifestación más elocuente de su fascinación por la belleza de la península italiana la dejaría por escrito años después al narrar los síntomas de la alteración psicosomática (mareo y palpitaciones) que le produjo el goce estético de la basílica de la Santa Cruz en Florencia. Reconocido clínicamente como el síndrome Stendhal.
Su paso por el ejército no fue tan satisfactorio. Decepcionado por la vida cuartelaria, abandonó los campos de batalla y volvió a Francia. Se instalo en París y probó suerte con la literatura. Sus escritos no tuvieron mucho éxito, pero él mantenía ciertos hábitos bohemios con múltiples amoríos, entre cafés literarios, teatros y salones sociales. Cuando se quedó sin dinero tuvo que volver al ejército, aunque en funciones diplomáticas del ejército imperial por diversas ciudades europeas.
A la caída de Napoleón, Beyle se exilia en su amada Italia, donde utiliza por primera vez el seudónimo de Stendhal y de donde fue expulsado por la administración austriaca que gobernaba el norte de la península italiana en 1821 acusado de colaborar con el movimiento independentista.
Su precaria situación económica es ya crónica y sobrevive con los exiguos ingresos que le proporcionaban sus colaboraciones periodísticas. Le deniegan varias solicitudes para ocupar algún puesto en instituciones culturales francesas y él se vuelca en sus lecturas y en su escritura, sin abandonar su asiduas visitas a los salones donde destacaba por su ingenio conversador.
En 1830, con la entronización de Luis Felipe de Orleans, Beyle es nombrado cónsul en Trieste y meses después en Civitavecchia, una pequeña localidad en el área metropolitana de Roma. Allí escribe Rojo y negro y La cartuja de Parma.

Tombe de Stendhal, cimetière de Montmartre, Paris, France
Tras varios problemas de salud, sufre un ataque cerebrovascular en 1841 y vuelve a París para morir en marzo de 1842, algunos estudios consideran que fue una aplopegía, otros ataque al corazón.
El epitafio de su lápida en Montmartre sintetiza sus principales afanes: “Henri Beyle, milanés. Escribió, amó, vivió 59 años, 2 meses. Murió el 23 de marzo de 1842”.
Han dicho de él:
Rojo y negro no logró el éxito en su momento porque, como decía André Gide, era “una novela antes de su tiempo, una obra para los lectores del siglo XX”. Émile Zola tildó a Stendhal como “el padre de todos nosotros”.
Tolstoy reconoció la influencia de La cartuja de Parma en Guerra y paz, y Balzac quedó tan impresionado con esa novela que la consideró “lo más poderoso que ha inventado la literatura moderna.”
Roberto Bolaño: “Mi novelista favorito es Stendhal. Para mí es el más grande.”
Elias Canetti: “Stendhal ha llegado a ser tan importante para mí que cada cinco o seis meses tengo que volver a él. No importa en absoluto de qué obra se trate, siempre que sean frases que contengan su respiración. A veces leo veinte o treinta páginas suyas y pienso que viviré eternamente.”
Leonardo Sciascia: “El stendhalismo es seguramente la pasión más duradera, la más amplia, la más ferviente que ha surgido en la historia, la vida y las costumbres literarias.”
Friedrich Nietzsche: “Podemos considerar a Henri Beyle, ese notable hombre anticipador y precursor, que, con un tempo napoleónico, atravesó a la carrera su Europa, muchos siglos de alma europea, como un rastreador y descubridor de esa alma: dos generaciones han sido precisas para darle alcance en cierto modo, para adivinar tardíamente algunos de los enigmas que lo atormentaban y embelesaban a él, a ese prodigioso epicúreo y hombre-interrogación, que ha sido el último psicólogo grande de Francia…” y “Excepto Stendhal, nadie me ha causado tanto placer y sorpresa: un psicólogo, con el que yo me entiendo.”

- El libro
Stendhal comenzó Rojo y negro en octubre de 1829 y lo publicó en noviembre de 1830. Sorprende lo pegado que está a la actualidad puesto que incluye en el texto referencias a noticias aparecidas en los periódicos de junio de 1830. Esto acredita el interés del autor de reflejar el presente, como expresamente señala en su subtítulo “Crónica de 1830”, que corregía el primer subtítulo “Crónica del siglo XIX”. Llamativa la modificación: concreta temporalmente y reafirma la pretensión periodística de crónica.
El enigmático título Le Rouge et le Noir ha dado lugar a multitud de interpretaciones, siendo la más habitual actualmente la que señala el rojo como símbolo del ejército, y el negro como el de la carrera eclesiástica, ambas las únicas opciones que se presentan para poder ascender en el escalafón social.
No obstante, algunos también han identificado dos impulsos: el rojo como la pulsión amorosa (de Julien y Mathilde) frente al negro de las tendencias castradoras de la moral conservadora y la potencia de la Iglesia en la sociedad.
También se puede entender la elección de ambos colores como alusión al periodo revolucionario francés, en el que el fervor revolucionario de los jacobinos se teñía de rojo, frente a la oscuridad monárquica.
Otros autores, hablan de las casillas de la ruleta, de las salpicaduras de sangre sobre las sotanas o incluso, desde una perspectiva astrológica, se distingue Marte rojo y Saturno negro.
Lo que sí se sabe seguro es que la idea en la que se inspiró para crear al personaje de Julien lo extrajo Stendhal del caso de Antoine Berthet, que fue ajusticiado el 15 de septiembre de 1827 por el asesinato de su amante y benefactora.
Según la propia acta de la acusación publicada en la Gaceta de los tribunales, Berthet era un hijo de artesanos con una constitución física “poco adecuada para las fatigas del cuerpo, una inteligencia superior a su posición, una afición tempranamente manifestada a los estudios de nivel elevado” y que es acogido por un párroco, cuyas enseñanzas le permiten ser admitido en el seminario de Grenoble. Posteriormente el sacerdote le recomienda para ser preceptor del hijo del próspero matrimonio Michoud. El señor Michoud, sospechando de un trato inadecuado con su esposa, lo aleja de la familia. Berthet, resentido, trama el asesinato de la esposa y la dispara en misa.
Stendhal también utilizó como fuente otro crimen, uno perpetrado por un ebanista que asesinó por celos a su amante en 1829.
Rojo y negro fue incluido en el Índice de libros prohibidos de la iglesia católica en 1864, de donde salió en 1900.
Originalmente la obra fue concebida en dos volúmenes de 30 y 45 capítulos respectivamente. Casi todos ellos con un epígrafe y encabezados con una supuesta cita literaria, aunque probablemente todas ellas ideadas por el propio Stendhal.
Como curiosidad, señalo que el séptimo capítulo del primer tomo lleva como título Las afinidades electivas, como la novela de Goethe que tratamos en el club en enero.
Marco espacio temporal: El argumento se desarrolla durante la época de la restauración borbónica tras la caída de Napoleón en 1815.
Transcurre en gran parte en el pueblo de Verrières. El propio autor aclara que es un pueblo inventado, pero cabe pensar que su paisaje sea el típico del este francés, puesto que sitúa la sede del tribunal y del obispado a la localidad próxima de Besançon, población real del departamento de Doubs en la región de Borgoña-Franco Condado, cerca de Suiza.
De la obra se han realizado versiones cinematográficas, de ballet, televisivas y teatrales, y sus reediciones y nuevas traducciones son continuas.


SÍNTESIS: La novela desarrolla la peripecia del hijo de un carpintero que quiere ascender socialmente apoyándose en su inteligencia, su belleza, sus inquietudes intelectuales y su ambición. Con este objetivo va adecuando sus ideales a las necesidades, sus costumbres imitan las de la clase social que desprecia, y sus sentimientos se acomodan a lo más conveniente, hasta convertirse en un hipócrita capaz de cometer un asesinato.
- Resumen
LIBRO PRIMERO
“La pequeña ciudad de Verrières puede pasar por una de las mas lindas del Franco Condado. Sus casas, blancas como la nieve y techadas con teja roja, escalan la estribación de una colina, cuyas sinuosidades mas insignificantes dibujan las copas de vigorosos castaños.”
Este inicio, que nos pone ya el marco físico donde se va a desarrollar la trama y que nos lo pinta como una localidad de placidez y modesta prosperidad, recuerda el de otra de las cumbres de la literatura del XIX, La Regenta, que comienza así: “La heroica ciudad dormía la siesta. El viento Sur, caliente y perezoso, empujaba las nubes blanquecinas que se rasgaban al correr hacia el Norte.”
En ambos casos estamos ante una descripción que no solo establece el escenario físico, sino también emocional, que nos sitúa en el entorno de aparente sosiego que veremos enseguida que oculta toda una maraña soterrada de intrigas, rencores y ambiciones.
La Verrières imaginada por Stendhal tiene unos aserraderos, una fábrica de tejidos estampados y una industria de clavos de hierro, propiedad del alcalde, Rênal, a quien el autor caricaturiza como hombre endiosado y despótico, pero sin talento, más allá de “hacerse pagar con puntualidad y exactitud lo que le deben, y en no pagar, o retardar todo lo posible el pago de lo que él debe a los demás.”
Stendhal insinúa que alcalde y clero son cómplices en la industria maderera, en línea con la connivencia que se achacaba a la alianza trono y altar del Antiguo Régimen.


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