Las afinidades electivas – Goethe

Descripción

Sesión online – Sábado 18 de Enero de 2025 –  Audio en IVOOX:  

 

Las afinidades electivas

  1. W. Goethe

 

Editorial: Alianza Editorial

 

Debate Club de lecturas: Sábado 18 Enero 2025 – 19hrs España

 

 

Guía de Lectura preparada por: Pepa Gandasegui, Villanueva del Pardillo, Madrid – Enero 2025

 

 

Ubicación de esta guía en la web de Club de Lecturas:

https://www.clubdelecturas.com/producto/las-afinidades-electivas-goethe/

 

 

 

  1. W. Goethe – BIO

Johann Wolfgang von Goethe nació en 1749 en el seno de una familia acaudalada de Frankfurt que pudo dar a sus dar a sus hijos una completa y magnífica educación. Considerado un superdotado, estudió derecho en Leipzig y en Estrasburgo, aunque su desmedida curiosidad le llevó a aprender lenguas, ciencias y arte. En Estrasburgo tuvo contacto con el pietismo y conoció a Herder que ejercería una importante influencia en su vida. Como persona, además de sus capacidades y su ansia de conocer y aprender, era un hombre desbordante, lleno de pasión y de ganas de vivir. Agradable y encantador, fue enamoradizo   dejándose llevar por las pasiones, y cuando se encontraba en un callejón sin salida, directamente escapaba.

 

Con Herder fueron los promotores del movimiento prerromántico Strum und Drang (tempestad y empuje). Ya de vuelta en Frankfurt publica la novela Las desgracias de joven Werther, que no solo tuvo una enorme difusión, sino que llegó a influir en el comportamiento de algunos jóvenes que vestían como Werther y se suicidaban como Werther. La historia está basada en experiencias personales del autor y de otras conocidas, y es que en Goethe constantemente interaccionan su vida y su obra.

 

En 1775, cuando se encontraba en una encrucijada personal dispuesto a una de sus huidas, conoció al duque Carlos Augusto de Weimar, que le invita a trasladarse al ducado para trabajar en él como consejero áulico. En los primeros años en Weimar la relación con el duque es muy estrecha, acompañando a Carlos Augusto en sus misiones políticas, además de hacerse cargo de comisiones de guerra, construcción de obras públicas, supervisión de la biblioteca ducal y del teatro de la corte. Era un alto funcionario que cumplía con diligencia e inteligencia sus funciones, que le impedían dedicar más tiempo a la escritura y al estudio. Al poco de llegar a Weimar, empieza su relación, platónica, con Charlotte von Stein, una mujer casada, inteligente, amable y con carácter muy controlado. En los cincuenta y seis años que permanece en Weimar al servicio del ducado, no se cuestiona el sistema político en el que está inmerso: vive y trabaja en un estado absolutista de juguete, que acepta plenamente. Desea que exista una alianza entre nobles y súbditos, que lo que tienen que hacer es obedecer, y piensa que la multitud no tiene capacidad para tomar decisiones políticas.  No le gusta la revolución en Francia porque rechaza la violencia implícita de la misma, y llegó a decir que prefería la injusticia al desorden. Goethe en política era, en fin, un conservador.

En 1886, en una nueva huida, emprende un viaje por Italia de casi dos años que cambia su percepción de la vida. Allí se da cuenta que debe dedicarse fundamentalmente a escribir. Cuando vuelve a Weimar (con reducción de jornada) conoce a Christiana Vulpius, una joven trabajadora fuerte y alegre, con la que convive, tiene cuatro hijos, y con la que finalmente se casa y consigue que sea admitida en los círculos de la corte. Con Schiller forma un círculo en el que conforman el llamado clasicismo de Weimar, en la búsqueda de un equilibrio entre razón y naturaleza de inspiración griega. Para ellos, era esencial la educación estética, con una formación humanista: cultura, arte y literatura. Sin violencia y con una dosis importante de razón.

En fin, Saint-Beuve decía que aquello que era propio de Goethe era la extensión, la universalidad misma. Gran naturalista y poeta. Estudia cada objeto en tanto que individuo, y lo eleva, lo sitúa en su rango en el orden general de la naturaleza; y mientras tanto, respira el perfume de poesía que toda cosa esconde en si. Goethe extrajo la poesía de todo; era curioso de todo.

Fue un autor realmente prolífico y que abarcó muchas disciplinas. En el ámbito científico escribió sobre la Metamorfosis de las plantas, y la Teoría de los colores. Además de su Autobiografía y un libro sobre su Viaje a Italia, su producción más extensa está en el teatro (Egmont, Torcuato Tasso, Fausto) y en la poesía (Elegías romanas, Diván de Oriente y Occidente). Además del Werther y de Las afinidades, escribió otras tres novelas sobre Wilhelm Meister.

Muere en 1832, por supuesto, en Weimar

 

  1. El libro

 Cuando Goethe publica Las afinidades electivas en 1809 tiene ya sesenta años. Es por lo tanto una obra de madurez, no solo por el momento de su vida en la que la escribe -ya se había casado con Chritiana Volpius y había sido padre-, sino por la aportación de su propia experiencia vital que enriquece la obra. El libro se puede ver que como una gran reflexión sobre diferentes aspectos de la vida: las relaciones amorosas y de amistad, la oposición entre la razón y las emociones, la presencia de la naturaleza y sus modificaciones, la atracción de las ciencias en general, el matrimonio y el divorcio. Se adentra en el mundo de la educación, de las normas y el poder, del orden y de las pasiones impregnadas de la razón. Es, en fin, el mundo cambiante e inestable que él mismo habita.

La novela no ha tenido la misma popularidad que, por ejemplo, el Werther o el Fausto, pero siempre ha ocupado un lugar destacado en la producción de Goethe. Humboldt o Madame de Staël mostraron su admiración por la obra, Thomas Mann dijo de ella que era la novela más alta que se han escrito en alemán. En 1925 Walter Benjamín publicó un estudio sobre la novela, a la que consideraba la obra literaria más perfecta de su autor. Estamos ante una obra que tiene un pie puesto en los últimos alientos de la Ilustración, y otro en el romanticismo alemán, matizado por el clasicismo de Weimar, lejos ya del Sturm und Drang de sus años de juventud.

 

El título de la novela hace referencia a una cuestión química que había interesado a los científicos en los años anteriores y que Goethe utiliza como metáfora para hablar de las relaciones amorosas e interpersonales. Uno de los personajes de la novela, el capitán, que es el que más conocimientos tiene de todo tipo, explica que son afines aquellas naturalezas que al encontrarse se aferran con rapidez las unas a las otras y se determinan mutuamente, como si se prefiriese una relación a otra o existiese una relación preferencial. La química de la atracción y el rechazo termina por llevar a los personajes de la novela por la pendiente de la tragedia, en el marco omnipresente de una naturaleza que se quiere controlar por medio de la razón, lo mismo que se quieren controlar las emociones de los enamorados.

 

La obra está estructurada en dos partes, en la primera se presentan los personajes, el ambiente es de felicidad y los acontecimientos amorosos se suceden precipitadamente. La segunda parte tiene un ritmo más lento, se calma el ambiente de las pasiones y aparecen figuras y situaciones secundarias. La narración se enriquece con múltiples voces, con historias intertextuales y con la inclusión de cartas y de diarios.

 

Los personajes principales son los cuatro protagonistas de la historia, que por otra parte son los únicos que tienen nombre propio -aunque al capitán siempre se le nombra así, se sabe que su nombre es Otto-. Otro personaje al que se le llama Mittler (mediador) se le está nombrando por su función. También la hija de Carlota, Luciana, está identificada con un nombre para ser opuesta a Otilia. El resto de las personas se las identifica como el conde, la baronesa, el asistente, el arquitecto, la directora, un lord inglés y diversos servidores y habitantes del pueblo. Pues bien, por orden de aparición, Eduardo, el marido de Carlota, es un hombre infantil, egoísta y caprichoso, sin valor ni fuerza de voluntad y con rasgos narcisistas. Por el contrario, Carlota es una mujer razonable, reflexiva, controlada, madura y serena; conoce las relaciones humanas y sabe manejarse en sociedad. Es una persona protectora y tolerante, con un importante grado de resignación ante las circunstancias de la vida. El capitán es inteligente y culto y con una gran capacidad de poner en práctica sus muchos conocimientos, y muy eficiente en todo lo que emprende. Como Carlota, es reflexivo, no se deja llevar por los impulsos, equilibrado en sus tomas de decisiones y también resignado. Curiosamente, a lo largo de toda la historia, del capitán sabemos lo que hace, pero no lo que siente. Sus emociones son un velo cerrado, se ha visto en este personaje un trasunto del propio Goethe. Por último, el cuarto elemento de la combinación “química”, la joven Otilia es un ser frágil, servicial y comedida, hermosa y encantadoramente obsequiosa. No tiene especiales talentos ni expresa abiertamente sus sentimientos. Pero Otilia, en su sencillez y falta de protagonismo supone la pieza que va a desequilibrar la vida doméstica existente, tan placentera y tan burguesa, cuando ella llega al castillo. Otilia es más que un personaje en el engranaje de la historia, es un arquetipo, un modelo ideal universal de la expresión de la naturaleza y sus pasiones y sus dolores; todo en ella es espontaneo y sin artificio, y por supuesto con una total ausencia de racionalidad.

 

Pero el libro contiene un elenco de personajes secundarios que contextualizan la historia y nos trasmiten la imagen de aquella sociedad estamental con un pie puesto en los cambios que se avecinan, de una clase social que gusta de la buena vida y que considera al resto como siervos. Quizás el personaje mejor dibujado es el de Mittler: conservador -como el propio Goethe-, defensor del matrimonio a ultranza, en una búsqueda constante de la armonía y la pacificación de las relaciones humanas. Su contraste es la pareja compuesta por el conde y la baronesa: detestan el matrimonio y las convenciones sociales, siempre que les perjudiquen a ellos. La hija de Carlota es un ejemplo de joven ambiciosa y egoísta que solo busca el reconocimiento y su beneficio. Por último, el joven arquitecto y el asistente del internado son el posible contrapunto al amor apasionado de Otilia hacia Eduardo.

 

Hay en la historia un cierto aire atemporal, lo que nos cuenta puede estar ocurriendo en cualquier momento. Solo la referencia a una guerra -que puede ser la napoleónica- y los conocimientos científicos actúan como una referencia del momento.

 

Y a lo largo de toda la narración, Goethe va dejando indicios y señales simbólicas de lo que está por suceder, hasta el punto de constituir algunos elementos esenciales. Los jardines y el parque, con sus contantes arreglos y modificaciones son la expresión de una naturaleza que quiere ser contenida por la razón y la ciencia. El agua y los ahogados como elemento telúrico, amenazante y presagio de futuras tragedias. Los dolores de cabeza de Otilia que se reproducen en Eduardo. La anorexia nerviosa de Otilia, ya desde el pensionado. El arreglo de la capilla como una premonición del lugar de entierro de Otilia. El gesto que hace Otilia pidiendo perdón, primero en el internado y después ante Eduardo cuando le da a entender que renuncia a él. El extraño parecido del hijo de Carlota, al capitán y a Otilia, como un símbolo de un adulterio “al revés”. Y la idea de suicidio, que circula de una forma latente a lo largo de toda la historia: Eduardo piensa en el suicidio cuando se ve obligado a separase de Otilia -luego opta por la guerra, era más viril-; Otilia siente envidia del sacerdote cuando muere en el bautizo y cuando la invade la melancolía, la vida sin amor no tiene sentido; y finalmente es la salida que encuentra a su culpa por la muerte del niño y a la renuncia a su amor por Eduardo.

 

El fatalismo, la sensación de tragedia y la rebelión ante el destino y la sinrazón recorre toda la obra y le da un aire romántico. Es el funcionamiento ineluctable de las cosas, el engranaje social que lleva a un destino inevitable y a un final de tragedia griega, o shakespeariana.

 

 

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