Descripción
Sesión online – Sábado 31 de Mayo de 2025 – Audio en IVOOX: https://go.ivoox.com/rf/148904477
Cuentos de Terror del Siglo XIX
- El cuervo de Edgar Allan Poe
- Otra vuelta de tuerca de Henry James
- El guardavías de Charles Dickens
Debate Club de lecturas: Sábado 31 de mayo 2025 – 19hrs CET (Madrid, España)

Guía de Lectura preparada por: Pepa Gandasegui, Villanueva del Pardillo, Madrid – Mayo 2025
Ubicación de esta guía en la web de Club de Lecturas:
PRESENCIAS SOBRENATURALES, INQUIETANTES Y PERTURBADORAS
El cuento fantástico es uno de los géneros literarios más característicos de la narrativa del siglo XIX, y quizás el que más habla sobre la interioridad del individuo. El elemento sobrenatural aparece en el núcleo de estas historias como lo inconsciente, opuesto a lo racional. Este género nace a principios del siglo XIX, cercano al romanticismo alemán, con la voluntad de representar lo subjetivo, la mente y la imaginación sobre lo racional; su autor más representativo es E.T.A. Hoffmann. Pero ya a principios del siglo, la novela gótica inglesa había buceado en una serie de motivos y ambientes, a veces siniestros, crueles y pavorosos, que los escritores románticos utilizaron con profusión. Inglaterra maneja lo macabro y los terrible con un cierto placer y dedicación: Frankenstein es uno de sus ejemplos más conocidos. Después, el patetismo y el humor de la novela victoriana permiten que siga actuando la imaginación macabra y gótica. La propensión de Dickens por lo grotesco y lo tenebroso no solo está en sus grandes novelas, sino también en sus relatos e historias de fantasmas.
Lo fantástico es el desasosiego que experimenta una persona que no conoce más que las leyes naturales, frente a un hecho aparentemente sobrenatural. En un mundo conocido se produce un acontecimiento imposible de explicar por las reglas sabidas, que puede ser una ilusión producto de la imaginación, o quedar fuera de lo consabido y cierto. Todo lo fantástico es una ruptura del orden conocido, una irrupción de los inadmisible en el seno de la inalterable realidad cotidiana. Lo común a este tipo de literatura es poner en primer plano una sugestión visual, la realidad de lo que se ve: creer o no en apariciones de fantasmas vislumbrará detrás de lo cotidiano un mundo encantado o infernal. Lo siniestro está en nosotros, en el inconsciente; lo sobrenatural es invisible muchas veces, y más que verse se siente como un estado de animo dentro de la dimensión interior.
En la primera parte del siglo XIX el cuento fantástico o de terror era la tendencia predominante, prevaleciendo lo fantástico visionario, mientras que a finales del siglo es lo fantástico cotidiano el gusto que cobra más fuerza, para alcanzar la cima de lo inmaterial e inaprehensible con Henry James, en donde la ambigüedad forma parte de la historia, como ocurre en Otra vuelta de Tuerca: el texto no permite saber si los fantasmas deambulan por la vieja propiedad, o si por el contrario se trata de las alucinaciones de la institutriz, víctima del clima inquietante que la rodea. De ese fantástico visionario fue Poe el que mayor influencia tuvo en los autores europeos, en cuya obra predomina lo que Todorov llama la experiencia de los límites, ya que nadie relató con más magia que él las rarezas de la vida humana y de la naturaleza eligiendo casi siempre la realidad más excepcional.
Para esta pequeña introducción he utilizado: Introducción a la literatura fantástica, de Tzvetan Todorov, y el prólogo a Cuentos fantásticos del siglo XIX, de Ítalo Calvino
EL CUERVO
Edgar Allan Poe
El cuervo es un poema narrativo escrito por Edgar Allan Poe en 1845, publicado el 29 de enero de ese año en el New York Evening Mirror que fue un éxito inmediato y convirtió a Poe en un personaje muy popular en su tiempo. La obra ha sido desde entonces un referente para la literatura fantástica.
El poema/relato está escrito en primera persona y nos remite al sentimiento universal del duelo eterno ante la pérdida de un ser amado, presente ya en los poemas elegiacos de griegos y romanos. Es una proyección de la obsesión de Poe por la muerte y el dolor, y de su lucha personal contra la tristeza y la pérdida.
La figura del cuervo que habla aparece ya en una novela de Charles Dickens – Barnaby Rudges- aunque sin las connotaciones sombrías y sobrenaturales que le imprime Poe en su relato. En cuanto a la composición del poema, el autor bebe de la escritora victoriana Elisabeth Barret Browning con cuya obra tiene puntos en común.
El mismo Poe, en el ensayo Filosofía de la composición aclara que el escribir El Cuervo su intención era crear un poema que pudiese gustar tanto a las clases populares como a los gustos más refinados. Y en efecto, el autor toma elementos del folclore popular (el cuervo como símbolo del mal) al mismo tiempo que remite al gusto por lo clásico (el busto de Atenea y las referencias al Hades).
- El poema
- Resumen. El poema/relato está escrito en primera persona por un narrador que, en la medianoche de un día de diciembre, mientras estudia en su habitación se lamenta por la perdida de su amada Leonora, lo que le hunde en una profunda tristeza. Escucha de repente unos golpes en la puerta que le disturban, pues está en un estado emocional vulnerable y agotado. Abre la puerta de la habitación y desesperado susurra el nombre de Leonora, escucha un golpeteo similar pero esta vez en la ventana, y al abrir la persiana entra en la habitación volando un cuervo que se coloca con dignidad aristocrática sobre el busto de Palas Atenea que está sobre el dintel de la puerta de la estancia.
Empieza entonces un simulacro de diálogo entre el joven y el pájaro. Se dirige a él como viajero salido de las riberas de la noche plutónica, y al preguntarle por su nombre, el cuervo responde nunca más. Luego, hablando en voz alta para si mismo, el narrador se dice que el pájaro se marchará por la mañana, a lo que sigue la respuesta del cuervo: nunca mas. En un flujo de conciencia el narrador intenta convencerse de que el cuervo aprendió esas palabras de alguien muy infortunado con un leguaje melancólico, y sentándose enfrente del siniestro y agorero pájaro, se pregunta que quería hacerle comprender al repetir su nunca más.
El joven narrador apoya la cabeza en el terciopelo violeta en el que ella no apoyará la suya, nunca más. Y dirigiéndose al cuervo le pregunta si existe algún alivio para su dolor, a lo que pájaro vuelve a responder nunca mas. Cuando el narrador increpa al cuervo para que le deje en su soledad y retire su pico de su corazón, le dice de nuevo inmutable, nunca más. El joven suplica al cuervo que se vaya, pero el ave permanece impasible, lo que aumenta su desesperación. El final del poema acentúa la aflicción del joven por no poder soportar el dolor de la pérdida, mientras el cuervo con ojos de demonio, continúa posado sobre el busto de Atenea, encima de la puerta, y su alma que yace flotante sobre el suelo, no podrá volver a levantarse nunca mas.
Es la imagen terrible de la infinitud del dolor


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